miércoles, 19 de agosto de 2015


Me fui temprano de mi casa materna (aunque luego muchas veces volví), no quería crecer en reacción de mi entorno. Quería oxígeno para saber qué era mejor, sin tener un referente fuerte de qué era mejor o peor y sin tener q agotar energías defendiendo, sino poder resolver en algún tipo de silencio, independiente del techo o el entorno.

Hoy, veo pasa lo mismo con la sociedad, es difícil crecer sin referencia cuando está tan fuerte por donde andes, caminando por los pasillos de tus sentidos.
Vive y hace las cosas distinto y eres raro, o un boludo, o un "perdido", un perdedor, para muchos. Mucho de otra cosa, o incluso poco, no tiene valor.

Pero no somos lo que percibimos del otro, o lo que el otro puede percibir, ni las emociones q esto despierta.

Estemos vivos, y que las ramas q tengan q crecer que crezcan, las ramas q tengan q caer q caigan y que nutran el piso, las raíces que tienen que engordar y viajar que engorden, y que por favor viajen, al tronco q se tiene q torcer q se tuerza, al árbol que se tiene q morir joven, que se muera, a las hojas q tienen que nacer, que nazcan, a las hojas q tengan q caer, que caigan, sin manos para agarrar. Sin intenciones.








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