No me podían decir las palabras que mi corazón necesitaba escuchar, ahogado como en smog avanzaba dejando pedazos entre los angostos pasillos que le educaron tenía que transitar.
No había podido escuchar las palabras que él mismo decía, de nadie mas, nadie parecía interesado en escuchar hablar a su corazón, ni a dejarse hablar desde su corazón, nadie parecía interesado en sus mas íntimas tristezas y en el anhelo mas profundo, todos parecíamos enyesados del brazo y del dedo que señalaba hacia donde ir, y mientras músculos dolían por mantener una posición tan forzada, mas cosas construíamos a su alrededor para sostenerlo, olvidando el propio brazo, distraídos en la construcción de cosas que sostenían una antigua formulada incuestionada dirección.
Tanto anhelaba este corazón escuchar las palabras que no podía escuchar, que nadie le podía decir, la angustia que le producía que el amor fuera un cuello de botella por donde pasar, fracasar una y otra vez ante los intentos de morir que llamaban "avanzar" sin cuestionar.
Tantos deberes, tantas tareas, tantas obligaciones, tanta moralidad mal entendida, tanto egoísmo disfrazado de interés por el otro, tanto miedo disfrazado de vida.
No había podido escuchar hasta ahora las palabras que mi corazón hablaba, las palabras que describen el paisaje donde mi corazón siempre vivió. Hoy es posible, hoy existe la persona que las habla y esta viva, pero esto siempre existió. Las personas que se juntan a hablar desde sus corazones, los que quieren volver a donde nunca dejaron de estar, sino mas bien abandonar los pedazos del traje que habían puesto en su ser para representar un papel que nunca les dio felicidad.
La paz y la dicha eran tan lejanas que me daba vergüenza y me pareció ridículo la primera vez que dije, para mis adentros, elijo vivir en paz, elijo vivir feliz, aún suena un poco cursi, sin embargo, es el oído educado el que desafina lo perfectamente en armonía con el universo.
No había podido escuchar las palabras que él mismo decía, de nadie mas, nadie parecía interesado en escuchar hablar a su corazón, ni a dejarse hablar desde su corazón, nadie parecía interesado en sus mas íntimas tristezas y en el anhelo mas profundo, todos parecíamos enyesados del brazo y del dedo que señalaba hacia donde ir, y mientras músculos dolían por mantener una posición tan forzada, mas cosas construíamos a su alrededor para sostenerlo, olvidando el propio brazo, distraídos en la construcción de cosas que sostenían una antigua formulada incuestionada dirección.
Tanto anhelaba este corazón escuchar las palabras que no podía escuchar, que nadie le podía decir, la angustia que le producía que el amor fuera un cuello de botella por donde pasar, fracasar una y otra vez ante los intentos de morir que llamaban "avanzar" sin cuestionar.
Tantos deberes, tantas tareas, tantas obligaciones, tanta moralidad mal entendida, tanto egoísmo disfrazado de interés por el otro, tanto miedo disfrazado de vida.
No había podido escuchar hasta ahora las palabras que mi corazón hablaba, las palabras que describen el paisaje donde mi corazón siempre vivió. Hoy es posible, hoy existe la persona que las habla y esta viva, pero esto siempre existió. Las personas que se juntan a hablar desde sus corazones, los que quieren volver a donde nunca dejaron de estar, sino mas bien abandonar los pedazos del traje que habían puesto en su ser para representar un papel que nunca les dio felicidad.
La paz y la dicha eran tan lejanas que me daba vergüenza y me pareció ridículo la primera vez que dije, para mis adentros, elijo vivir en paz, elijo vivir feliz, aún suena un poco cursi, sin embargo, es el oído educado el que desafina lo perfectamente en armonía con el universo.

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