Me crucé con la belleza, esa que no compite, me infectó la belleza, tanto que esa, la que estamos acostumbrados a mirar, no fue nada.
Olvidamos que la belleza es intangible, es un gesto, un acto, una revelación personal que se comparte incluso sin querer. Casi nada de lo que vemos o mostramos hoy como belleza es. A la verdadera belleza la tenemos todos, no hay que "tener suerte en el reparto".

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